El diario secreto del Almirante BYRD y su viaje al Centro del gran desconocido

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Richard Evelyn Byrd, Nació en Winchester, Estado de Virginia, el 25 de octubre de  1888, y murió en Boston el 11  de marzo de 1957.

Inició su carrera de explorador polar en el año 1925, participando en la expedición ártica de MacMillan, y el  9 de mayo de  1926, partiendo de la Bahía de los Reyes (Islas Svalbard), intentó llegar al Polo Norte con el avión “Josephine Ford”. Fue un vuelo de enorme importancia para su carrera.






El almirante Richard Byrd y su terrier "Igloo" durante una expedición en 1930

En  1928, organizó su primera expedición Antártica, instaló su base en la bahía de las ballenas, la cual llamó “Little América” o (Pequeña América). El 29  de noviembre de 1929, Byrd sobrevoló el Polo Sur con un avión trimotor “Ford”. 

Entre el verano de 1946 y el inicio del año de 1947, la marina de los Estados Unidos puso en marcha la Operación Highjump. La misma tenía como objetivo: viajar a la Antártida con un gran número de embarcaciones, aeronaves y personal para ser expuestas a condiciones de frío extremo.

La operación "High Jump"


Preparativos en el portaaviones USS Philippine Sea y embarcaciones (izq.) partes uperior derecha, Richard E. Byrd a bordo

La   operación   “High   Jump”,  contó   con   4.700 hombres,  12  embarcaciones y  15  aviones situados en el portaaviones “Philippine  Sea”.

Dicha operación se centraría en: cartografíar, fotografiar y estudiar una superficie de 900.000 kilómetros cuadrados, pero solo unos 8.000 kilómetros de costas fueron estudiados  con  la  intención de probar equipo militar en condiciones Antárticas. La duración de la operación duraría entre 8 y 9 meses pero se dio por terminada en 8 semanas.

¿Fueron a probar equipo militar? ¿Llevar logística militar bien equipada para realizar simples maniobras? ¿Por qué mandar un portaaviones, submarinos, barcos y buques armados para explorar las costas?

¿Será que fueron en búsqueda del último reducto Nazi al finalizar la Segunda Guerra Mundial?

Según las teorías conspirativas, allí habrían interactuado con aeronaves ultramodernas (nazis).

Una interacción no tan amigable en el cielo Antártico


Se sabe que la Alemania Nazi fundó en la Antártida lo que se denominó como Neuschwabenland (Nueva Besarabia) Desde entonces las teorías conspirativas han ido aumentando con el paso de los años. La documentación de la expedición aún se encuentra clasificada y no puede ser investigada. (Según algunos autores y memorias) Los estadounidenses que fueron a esta operación tuvieron que combatir con un último reducto nazi en la Antártida.

Lo más espectacular de esta historia es el supuesto combate de aeronaves estadounidenses en el cielo de la Antártida con aeronaves de última generación en forma de platillo volante que, lanzaban rayos eléctricos. Pero todo esto queda en la especulación, aun así, no deja de ser una historia interesante.

Richard E. Byrd, (Héroe Nacional)


Algo importante tuvo que haber pasado ahí, pues al leer el diario de Richard  E. Byrd, cualquiera daría cuenta de la realidad del histórico acontecimiento que le consagraría como Héroe de la Nación, Líder de la aviación y Capitán de las exploraciones polares.

El diario "secreto" del Almirante Byrd


Cabe destacar que en 1926, el Almirante Richard E. Byrd, de la Marina de los Estados Unidos, se convirtió en la primera persona en sobrevolar el polo norte, y tres años más tarde el Sur. 

En su cuaderno de vuelo dejaría anotaciones un tanto extrañas y a la vez increíbles, describiendo unos enormes cráteres de origen incierto en cuyo fondo se vislumbraban destellos verdosos.

El "Diario de Richard Byrd", fue publicado por Raimund  E.  Goerler, Jefe de Archivo del "Polar Byrd Research Center", de la Universidad de Columbus, en Ohio, U.S.A., al transcribir el contenido del diario escrito por Byrd en 1925, entre las páginas “blancas”, encontró una serie de fascinantes, increíbles y extraordinarias informaciones, con fecha 19 de febrero de 1947. 





Dichas anotaciones no tienen nada que ver con la valerosa exploración ártica, refiriéndose exclusivamente a la aventura maravillosa del Almirante durante su cuarta expedición al Polo Sur; un simple detalle, pero muy astuto por parte de Byrd, que rehabilita totalmente su obra y su memoria en la historia de las exploraciones del planeta Tierra.

 “Debo escribir este diario a escondidas y en absoluto secreto. Relacionado con mi vuelo a la Antártida, de fecha 19 de febrero de 1947. Llegará un tiempo en que la racionalidad de los hombres deberá disolverse en la nada, y se deberá entonces aceptar la verdad ineludible. Yo no tengo la libertad para difundir la documentación que sigue a continuación; tal vez no se publicará nunca, pero debo, a pesar de todo, cumplir con mi deber y relacionarla aquí, con la esperanza de que algún día todos puedan leerla, en un mundo en que el egoísmo y la codicia de ciertos hombres no puedan ya suprimir la verdad”. 

19 de Febrero de 1947


»Extensiones de hielo y nieve bajo nosotros, vistas coloraciones amarillentas con dibujos lineales. Alterada la ruta para un mejor examen de estas configuraciones coloreadas, también vistas de coloraciones violáceas y rosadas. «Tanto la brújula magnética como la aguja giroscópica comienzan a girar y a oscilar, no me es posible mantener la ruta con los instrumentos. Señalé la dirección con la brújula solar, todo parece aún en orden. Los controles parecen lentos en la respuesta y en el funcionamiento, pero no hay indicación de congelamiento».

29 minutos de vuelo transcurridos desde el primer avistamiento de los montes, no se trata de una alucinación. Es una pequeña cadena de montañas que nunca había visto antes.


Además de las montañas hay algo que parece ser un valle con un pequeño río o riachuelo que discurre hacia la parte central. ¡No debería haber ningún valle verde aquí abajo!. ¡Hay algo decididamente extraño y anormal aquí! ¡Debería sobrevolar solo hielo y nieve! A la izquierda hay grandes bosques en las laderas de los montes. Los instrumentos de navegación giran como enloquecidos.


«Altero la altitud a 1400 pies y efectúo un giro completo a izquierda para examinar mejor el valle que está debajo. Es verde, tiene musgo y también hierba muy tupida. La luz aquí parece diferente. No soy capaz de ver el Sol. Di otro giro a la izquierda avistamos algo que parece ser algún tipo de gran animal. ¡Se parece a un elefante! ¡¡¡NO!!!. ¡Parece ser un mamut!. ¡Es increíble! ¡Sin embargo, es así!. Descendí a cota 1000 pies, ahora uso un prismático para examinar mejor al animal. Está confirmado, se trata de un animal semejante al mamut».

«Encontramos otras colinas verdes. El indicador de la temperatura exterior marca 24º centígrados. Ahora sigo sobre mi ruta. Los instrumentos de a bordo, ahora parecen normales. Quedo perplejo ante sus reacciones. Intento contactar al campo base. La radio no funciona».


«El paisaje circundante parece nivelado y normal. Delante de nosotros avistamos aquello que parece ser ¡¡¡una ciudad!!!. ¡Es imposible!. El avión parece ligero y extrañamente flota. ¡Los controles se niegan a responder!. ¡Dios mío!. A mi derecha y a mi izquierda hay aparatos de extraño tipo. Se aproximan y algo irradia de ellos. Ahora están bastante cerca para ver sus insignias. Es un símbolo extraño. ¿Dónde estamos?. ¿Qué ha sucedido?. Otra vez tiro decididamente de los mandos. ¡No responden! Estoy atrapado firmemente por una especie de invisible cepo de acero».

«¡Nuestra radio grazna y llega una voz que habla en inglés con acento que parece decididamente nórdico o alemán! El mensaje es: – Bienvenido a nuestro territorio, Almirante. Le haremos aterrizar exactamente dentro de siete minutos. Relajaos, Almirante, estás en buenas manos -. Me doy cuenta de que los motores del avión están apagados. El aparato está bajo un extraño control y ahora funciona solo».





«Recibimos otro mensaje de radio. Estamos iniciando la maniobra de aterrizaje y en breve el avión vibra ligeramente comenzando a descender como sostenido por un enorme e invisible ascensor».

«Algunos hombres se están aproximando a pie al avión. Son altos y tienen el pelo rubio. A lo lejos hay una gran ciudad destellante, vibrante con los colores del arcoíris. No sé lo que sucederá ahora, pero no veo trazas de armas sobre los que se aproximan. Ahora oigo una voz que me ordena, llamándome por mi nombre, de abrir la puerta. Ejecuto».

Después de estos apuntes, sacados del «diario de abordo», el Almirante anota lo que sucede:

«De este punto en adelante escribo los acontecimientos que siguen, volviéndolos a llamar a la memoria. Esto asienta la imaginación y parecería una locura si no hubiese acaecido verdaderamente.


El técnico y yo fuimos sacados del avión y acogidos cordialmente. Luego fuimos embarcados sobre un pequeño medio de transporte semejante a una plataforma pero sin ruedas. Nos condujo hacia la ciudad destellante con extrema celeridad. Mientras nos aproximábamos, la ciudad parecía hecha de cristal. Alcanzamos en poco tiempo un gran edificio, de un estilo que nunca había visto. ¡Parecía haber salido de los diseños de Frank Lloyd Wright, o quizás más precisamente de una escena de Buck Rogers!

Nos ofrecieron un tipo de bebida caliente de algo que nunca había saboreado. Era deliciosa. Después de unos 10 minutos, dos de nuestros sorprendentes anfitriones vinieron a nuestro alojamiento, invitándome a seguirlos. No tenía otra elección que obedecer. Dejé a mi técnico de radio y caminamos un poco hasta entrar en aquello que parecía ser un ascensor. Descendimos durante unos instantes, el ascensor se paró y la puerta se deslizó hacia arriba silenciosamente. Proseguimos luego por un largo corredor iluminado por una luz rosa que parecía emanar de las mismas paredes.


Uno de los seres hizo señal de pararnos ante una gran puerta. Encima de esta había una inscripción que yo no estaba en grado de leer. La gran puerta se deslizó sin ruido y fui invitado a entrar. Uno de los anfitriones dijo: – No tenga miedo, Almirante, vas a tener un coloquio con el Maestro. – Entré y mis ojos se adecuaron lentamente a la maravillosa coloración que parecía llenar completamente la estancia.





Entonces comencé a ver aquello que me rodeaba. Aquello que se mostró a mis ojos era la vista más sorprendente de toda mi vida. En efecto, era demasiado magnífica para poder ser descrita. Era deliciosa. No creo que existan términos humanos capaces de describirla, en cada detalle, con justicia. Mis pensamientos fueron interrumpidos dulcemente por una voz cálida y melodiosa: «Le doy la bienvenida a nuestro territorio, Almirante».

Vi un hombre de facciones delicadas y con las señales de la edad sobre su rostro. Estaba sentado en una mesa grande. Me invitó a sentarme en una de las sillas. Después de sentarme, unió la punta de sus dedos y sonrió. Habló de nuevo dulcemente y dijo cuanto sigue: – Lo hemos dejado entrar aquí porque usted es de carácter noble y bien conocido en el mundo de superficie, Almirante-. ¡Mundo de superficie! ¡Casi me quedé sin aliento!

«Sí. – recalcó con una sonrisa – Usted se encuentra en el territorio de los Arianos, el Mundo sumergido de la Tierra. No retardaremos mucho su misión y serán acompañados de vuelta sobre la superficie y además sin peligro. Pero ahora, Almirante, le diré el motivo de su convocación aquí. Nuestro interés comenzó exactamente después de la explosión de la primera bomba atómica sobre Hiroshima y Nagashaki, en Japón. Fue en aquel momento inquietante cuando expedimos sobre su mundo de superficie nuestros medios voladores.


Los Flugelrads, para investigar sobre aquello que la raza que los gobierna había hecho. Esta es, obviamente, historia pasada, Almirante, pero permítame seguir. Vea, nosotros nunca habíamos interferido en las guerras y en la barbarie de su raza, pero ahora debemos hacerlo en cuanto ustedes hayan aprendido a manipular un tipo de energía, la atómica, que no está hecha para el hombre. Nuestros emisarios ya han entregado mensajes a las potencias de su mundo y, sin embargo, estas nunca son atendidas.

Ahora usted ha sido elegido para ser testigo de que nuestro mundo existe. Vea, nuestra cultura y nuestra ciencia están miles de años por delante de las vuestras, Almirante.

Lo interrumpí: «¡Pero todo esto que tiene que ver conmigo, Señor!». Los ojos del Maestro parecían penetrar de forma profunda en mi mente y después de haberme estudiado un momento, contestó: «Vuestra raza ha alcanzado el punto de no retorno, porque hay algunos entre vosotros, que destruirían todo vuestro mundo antes que renunciar al poder, así como lo conocen…».





Asentí y el Maestro continuó: «Desde 1945 en adelante, hemos intentado entrar en contacto con vuestra raza, pero nuestros esfuerzos han sido acogidos con hostilidad: se hizo fuego contra nuestro Flugelrads. Hasta fueron seguidos con maldad y animosidad por vuestros aviones de combate. Así ahora, hijo mío, le digo que hay una gran tempestad en el horizonte para vuestro mundo, una furia negra que no se extinguirá durante varios años. No habrá defensa con vuestras armas, no habrá seguridad en vuestra ciencia. Asolará hasta que cada flor de vuestra cultura haya sido pisoteada y todas las cosas humanas sean dispersadas en el caos. La reciente guerra ha sido solamente un preludio a cuanto todavía debe advenir a vuestra raza.

Nosotros, aquí podemos verlo más claramente a cada hora… ¿Cree que me equivoco?» «No – contesté – ya ha sucedido una vez en el pasado; llegaron los años oscuros y duraron 500 años». «¡Sí, hijo mío – replicó el Maestro – los años oscuros que llegarán ahora para vuestra raza, cubrirán la Tierra con un paño mortuorio, pero creo que alguno de entre vosotros sobrevivirá a la tempestad, más que esto no sé!. Nosotros vemos en un futuro lejano emerger de nuevo de las ruinas de vuestra raza, un mundo nuevo en busca de sus legendarios tesoros perdidos y estos estarán aquí, hijo mío, seguros en nuestro poder. Cuando llegue el momento apareceremos para ayudar a vivir a vuestra cultura y vuestra raza.

Quizás, para entonces, habréis aprendido la futilidad de la guerra y de su lucha… y después de aquel momento una parte de vuestra cultura y ciencia os serán restituidas para que vuestra raza pueda recomenzar. Usted, hijo mío, debe volver al Mundo de la Superficie con este mensaje…».





Con estas palabras decisivas, nuestro encuentro parecía llegar a término. Por un momento me pareció vivir un sueño… y; sin embargo, sabía que aquella era la realidad y por alguna extraña razón me incliné levemente, no sé si por respeto o humildad. De improviso me di cuenta de que los dos fantásticos anfitriones que me habían conducido aquí, estaban de nuevo a mi lado. «Por aquí, Almirante», me indicó uno de Ellos.

Me giré una vez más antes de salir y miré al Maestro. Una dulce sonrisa estaba impresa en su anciano y delicado rostro. «Adiós, hijo mío», me dijo e hizo un gesto suave con su frágil mano, un gesto de paz y nuestro encuentro llegó definitivamente a su fin. Salimos rápidamente de la estancia del Maestro por la gran puerta y entramos otra vez en el ascensor. La puerta descendió silenciosamente y nos movimos inmediatamente hacía lo alto.

Uno de mis anfitriones habló de nuevo: «Ahora debemos apresurarnos, Almirante, el Maestro no desea retardar más vuestro programa previsto y debéis volver a vuestra raza con su mensaje». No dije nada, todo esto era casi inconcebible y, una vez más, mis pensamientos se interrumpieron apenas nos paramos. Entré en la estancia y estuve de nuevo con mi técnico de radio. Tenía una expresión ansiosa sobre su rostro. Acercándome dije: «Todo esta bien, Howie, todo esta bien».

Los dos seres nos señalaron el medio en espera, salimos y pronto alcanzamos nuestro avión. Los motores estaban al mínimo y nos embarcamos inmediatamente. La atmósfera estaba cargada de un cierto aire de urgencia. Cuando la puerta estuvo cerrada, el avión fue inmediatamente transportado a lo alto por aquella fuerza invisible hasta que alcanzamos los 2.700 pies. Dos de los medios aéreos estaban a nuestros flancos a una cierta distancia, haciéndonos planear a lo largo de la vía del retorno. Debo remarcar que el indicador de velocidad no indicaba nada, no obstante, nos estábamos moviendo muy rápidamente.

Recibimos un mensaje de radio: «Ahora os dejamos, Almirante, vuestros controles están libres. ¡¡¡Wiedersehen!!! Miramos por un instante los Flugelrads, hasta que desaparecieron en el cielo azul pálido. El avión pareció de improviso capturado por una corriente ascensional. Tomamos inmediatamente el control. No hablamos durante un rato, cada uno de nosotros estaba inmerso en sus propios pensamientos.

… Sobrevolamos nuevamente extensiones de cielo y nieve, a unos 27 minutos del campo base. Enviamos un mensaje de radio, nos contestan. Tenemos condiciones normales… normales. Del campo base expresan alivio por haber establecido nuevamente el contacto.

… Aterrizamos suavemente en el campo base. Tengo una misión que cumplir.

…11 de marzo de 1947. He tenido, apenas, un encuentro de Estado Mayor en el Pentágono. He relatado enteramente mi descubrimiento y el mensaje del Maestro. Todo ha sido debidamente registrado. El presidente ha sido puesto al corriente. Me retienen algunas horas (exactamente 6 horas y 39 minutos). Soy cuidadosamente interrogado por las Top Security Forces y por un equipo médico. ¡¡¡Es un tormento!!!. Me ponen bajo estrecho control de los medios de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. Me recuerdan que soy un militar y que, por consiguiente, debo obedecer las órdenes.

… Última anotación: 30 de diciembre de 1956. Estos últimos años transcurridos desde el 1947 hasta hoy, no han sido buenos… He aquí, pues, mi última anotación en este singular diario. Concluyendo, debo afirmar que debidamente he mantenido secreto este argumento, como se me ordenó, durante todos estos años. He hecho esto contra todo principio mío de integridad moral. Ahora siento aproximarse la gran noche y este secreto no morirá conmigo, sino como toda verdad, triunfará.

Esta es la única esperanza para el género humano. ¡He visto la verdad y esta ha revigorizado mi espíritu donándome la libertad! He hecho mi deber con relación al monstruoso complejo industrial militar. Ahora la larga noche comienza a aproximarse, pero habrá un epílogo. Como la larga noche del Antártico termina, así el sol brillante de la verdad surgirá de nuevo y aquellos que pertenecen a las tinieblas perecerán a su luz…

Porque yo he visto «Aquella Tierra más allá del Polo, aquel Centro del Gran Desconocido».

Un busto de Richard Evelyn Byrd en la estación de investigaciones norteamericano McMurdo, en la Antártida


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